
Inventarte en la alcoba del alba solitaria
Lidiar con tacto sigiloso frente al cerrojo
Inaugurar con beso la inercia de la memoria
No exhibir la furia del mordisco
Y confiar en la suavidad de tus muslos
Atender el crujido de las velas y destapar espejos
Conocer de antemano lunares y vellos
Desnudarme impávido
ante el pubis presto a ser besado
Humedecer la ostra hasta que ceda
su sabor anaranjado
Tatuar ondas del oficio del espasmo
Perseguir en tus ojos
el vicio acompasado de tu resuello
Sudar la anemia del insomnio
Derramar esperma sobre la sacra abertura húmida
Brincar en los charcos dentro de tu catedral
Y callar al infante ermitaño
que nos señala el pecado.

